Read "El anillo de amatista" by Anatole France online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
La señora de Bonmont, que había elegido a Raúl Marcien entre todos, y que le amaba con ternura, durante algunas semanas pudo envanecerse de su elección y creerse feliz. En efecto, habíase realizado en el orden de las cosas un cambio profundo. Raúl, hasta poco antes despreciado o temido en todas las esferas, arrojado del regimiento, abandonado por sus amigos, reñido con su familia, expulsado del Casino, conocido en todos los tribunales, donde se amontonaban las querellas contra él, de pronto se había lavado de toda mancha, purificándose de todas las deshonras. Acontecimientos que ya empezaban a conocerse, y que muy pronto estarían aclarados, interesaron al Estado por la honra de Raúl. Importaba mucho que Raúl fuera un hombre intachable. Los ministros afirmaban pública y privadamente que la seguridad, el poder, la gloria de Francia y la paz del mundo, dependían de semejante condición.
Siendo aquel honor de utilidad pública, esforzábanse todos en dignificarlo sólidamente. Se ocupaban en ello el Gobierno, la Magistratura, la Prensa; y todos los buenos ciudadanos trabajaban afanosos para conseguirlo. La señora de Bonmont, al ver a su amigo convertido de pronto en un ejemplo y un modelo a los ojos de los franceses, sentíase a la vez alegre y temerosa. Había nacido para disfrutar placeres discretos y satisfacciones íntimas; aquella gloria la sorprendía y le ocasionaba una especie de malestar. Junto a Raúl sentía la fatigosa impresión de vivir perpetuamente en un ascensor.