Read "La isla de los pingüinos" by Anatole France online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Los setecientos pyrotinos inspiraban al público una aversión creciente. Cada día en las calles de Alca eran apaleados dos o tres. Uno de ellos fue azotado públicamente; otro, arrojado al río; un tercero fue emplumado y paseado por los bulevares, entre una muchedumbre bulliciosa; a otro le rompió la nariz un capitán de dragones. No se atrevían a presentarse en los casinos ni en los paseos, y se disfrazaban para ir a la Bolsa. En tales circunstancias le pareció urgente al príncipe de los Boscenos refrenar su audacia y reprimir su insolencia. Reunido con el conde de Clena, el señor de la Trrumelle, el vizconde Oliva y Bigourd, fundaron la importante Liga de los Antipyrotinos, a la cual se adhirieron los ciudadanos por cientos de millares; los soldados, por compañías, por regimientos, por brigadas, por divisiones, por cuerpos de ejército; las ciudades enteras, los distritos, las provincias.
Por entonces el ministro de la Guerra vio con sorpresa, en el despacho del jefe de Estado Mayor, que la espaciosa habitación donde trabajaba el general Panther, cuyas paredes poco antes se hallaban desnudas, habíase revestido desde el suelo al techo con profundas estanterías, pobladas por una multitud de carpetas de todas formas, de todos colores, hacinamiento improvisado y monstruoso que adquirió en pocos días las apariencias de un archivo secular.