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Son los celos una virtud de los demócratas, y los defienden contra los tiranos. Los diputados empezaban a envidiar la llave de oro del presidente del Congreso hacía un año que su dominio sobre la encantadora Evelina de Cerés era notorio en todo el mundo. Las provincias, donde las noticias y las modas llegan después de una completa revolución de la Tierra en torno del Sol se enteraron al fin de los amores ilegítimos del jefe del Gabinete.
En provincias se conservan aún costumbres austeras: las señoras provincianas son más virtuosas que las de la capital. Para justificarlo se alegan varias razones: la educación, el ejemplo, la sencillez de la vida. El profesor Haddock pretende que su virtud se funda sólo en que llevan botas de tacón bajo.