Read "La isla de los pingüinos" by Anatole France online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Aquella noche, los periódicos subvencionados por los dracófilos prodigaban elogios a Chatillón y cubrían de vergüenza y de oprobio a los ministros de la República. En las calles de Alca voceaban los vendedores el retrato de Chatillón. Los santi barati vendían a la entrada de los puentes bustos en yeso de Chatillón.
Chatillón daba cada tarde un paseo, jinete en un caballo blanco, por la Pradera de la Reina, adonde acudía el público selecto. Los dracófilos destacaban al paso del almirante una muchedumbre de pingüinos menesterosos, y los hacían cantar: «Chatillón es el hombre del día». Los burgueses de Alca sintieron profunda admiración por el almirante. Las señoras del comercio murmuraban: «Es hermoso». Las mujeres elegantes frenaban sus «autos» para enviarle, al pasar, besos y sonrisas, entre las aclamaciones del pueblo enardecido.