Explore "Camarada dólar" by Arturo Robsy on Textopian. Read with annotations and highlights.
«Viéndote, se ve que la noche oculta horrores que la luz del sol desvela», escribió Xavier Sabater en un momento de intensa premonición. No lo bubiera expresado de otro modo de haber echado un vistazo a los rostros de los tres vencidos en la furiosa lid. Remil, además de la cara bañada en sangre seca, presentaba un ojo morado y la expresión de los hombres que sufren injustamente.
Emilio, con la nariz reventada y la pechera teñida de escarlata, tenía el cuello escorado treinta o treinta y cinco grados: pasarían meses antes de que pudiera enderezarlo, y nunca olvidaría la destreza de los servidores públicos cuando se decidían a aplicar las llaves doble-nelson. Su consejo a las generaciones venideras sería tajante: «no les deis oportunidad de pillaros por el cuello: son endiabladamente eficaces con un cuello entre las manos. Combatid siempre a media distancia, a pesar de las porras.»