Camarada dólar by Arturo Robsy — Read

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Aunque un calabozo no es una cárcel, no por eso deja de ejercer interesantes presiones sobre el ánimo de quien se ve encerrado en él. Sin ser exhaustivos, puede afirmarse que, entre quienes lo catan, aparece sudoración en las palmas de las manos y junto a las aletas de la nariz; las principales glándulas segregan litros y litros de hormonas de complicadísima fórmula que, al caer sobre el pensamiento, lo reducen al pesimismo y a la nostalgia de la libertad.

El único que parecía inasequible al desaliento era Raúl Remil, que, además de confiar en la providencia gracias a su fe de carbonero, no disponía de conciencia en la que bucear.

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