Explore "El desquite de Sandokán" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Las dos columnas, ya reunidas, habían reanudado su marcha hacia las selvas de la montaña, protegidas por las espingardas manejadas por Kammamuri y sus diez hombres.
Los dayakos, siempre valientes, no habían tardado en reordenarse como mejor pudieron e intentaban volver nuevamente a la carga, para destruir a sus formidables adversarios antes de que hubieran podido encontrar un asilo seguro en la cima del Kin-Ballu.