Explore "El desquite de Yáñez" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Furiosos los bandidos por no haber podido atrapar a aquellos cuatro hombres que se les habían escapado en un solo caballo, muerto después, y a los cuales perseguían durante tantos días a través de los junglares, desfogaban su ira con frecuentes descargas, aunque sin obtener ventaja alguna. Solamente la cúpula se iba destruyendo poco a poco, pues los balazos que la atravesaban llevábanse pedazos enteros de cobre.
Los sólidos muros construidos por los mogoles permanecían impasibles, por lo cual los sitiados, protegidos por ellos y por la pesada puerta de bronce atrancada con tres gruesas barras de hierro, podían esperar tranquilos, y casi no se ocupaban ya de los sitiadores.