Explore "El hijo del corsario rojo" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
A la derecha tendíase la inmensa selva, formada por palmas gigantescas, algodoneros, tamarindos, y multitud de trepadoras que constituían matorrales tan espesos que podrían ocultar hasta a cien hombres.
Botafuego, que seguramente conocía aquellos parajes mucho mejor que el gascón, el cual, a pesar de la brújula que llevaba en el cerebro, no había logrado descubrir el rancho donde encontrarían caballos, púsose a la cabeza de la pequeña tropa, abriendo paso con dos cuchillos que había sacado de la cabaña.