Explore "Las hijas de los faraones" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Mirinri, siguiendo el consejo de la hechicera, había vaciado nuevamente la copa, sin preocuparse más de sí descubría en el fondo de la misma los dos ojos de la joven Faraona que le habían encendido en el corazón aquella llama que no acertaba a apagar. Vencido por la embriaguez, se había dejado caer sobre la espléndida piel de león, sujetándose con una mano la cabeza, y Nefer se puso a su lado, agitando ante su rostro un abanico de plumas de avestruz que le había dado una esclava. También Ounis y Ata habíanse dejado caer sobre las pieles que les servían de alfombra, y los etíopes, ya casi todos ellos ebrios, les habían imitado y escuchaban bostezando las historias que las danzarinas, que se habían sentado a sus mesas, les estaban narrando.
-Mi señor -dijo Nefer, con una pérfida sonrisa. ¿No te parece que la vida es hermosa así?