Explore "Los horrores de la Siberia" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Media hora después María Federowna y sus dos compañeros se encontraban en una habitación de un mísero mesón de Catuisk, guardados por cuatro centinelas que no los perdían de vista, dos de ellos colocados a la puerta del cuarto y los otros dos ante la casucha.
Después que María, Dimitri y el cochero se rindieron, el capitán ordenó al sargento que condujera a los prisioneros a aquel reducido albergue y que les pusiera centinelas de vista para impedirles toda tentativa de fuga. Dadas estas órdenes, se dirigió hacia la columna de forzados, sin cambiar más palabras con la joven ni con sus compañeros de desventura.