Ensayo sobre el origen de las lenguas

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Los sonidos simples salen naturalmente de la garganta, la boca está naturalmente más o menos abierta; pero las modificaciones de la lengua y del paladar, que hacen articular, exigen atención, ejercicio; no se hacen sin querer hacerlas; todos los niños precisan aprenderlas, y muchos no lo logran con facilidad. En todas las lenguas, las exclamaciones más vivas son inarticuladas; los gritos, los gemidos, son voces simples; los mudos, es decir los sordos, sólo lanzan sonidos inarticulados. El padre Lami no concibe siquiera que los hombres hayan podido inventar otros si Dios no les hubiese enseñado expresamente a hablar. Las articulaciones se cuentan en pequeño número; los sonidos, en número infinito, y los acentos que los marcan pueden multiplicarse del mismo modo. Todas las notas de la música son otros tantos acentos. De éstos, es verdad, sólo tenemos tres o cuatro en la palabra; pero los chinos tienen muchos más: a cambio de ello tienen menos consonantes. A esa fuente de combinaciones, añadid la de los tiempos o la de la cantidad y tendréis no solamente más palabras sino más sílabas diversificadas que las que precisa la más rica de las lenguas.

No dudo en modo alguno que, independientemente del vocabulario y de la sintaxis, la primera lengua, de existir aún, habría conservado los rasgos y caracteres originales que la distinguirían de todas las demás. No solamente imágenes, todos los giros de esa lengua deberían estar en imágenes, en sentimientos, en figuras; sino que en su parte mecánica, esa lengua debería además responder a su primer objeto y presentar a los sentidos, así como al entendimiento, las impresiones casi ineludibles de la pasión que trata de comunicarse.

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