Explore "Ensayo sobre el origen de las lenguas" by Jean-Jacques Rousseau on Textopian. Read with annotations and highlights.
A medida que la lengua se perfeccionaba, la melodía, imponiéndose nuevas reglas, perdía insensiblemente su antiguo vigor, y el cálculo de los intervalos fue remplazado por la finura de las inflexiones. Así fue como la práctica del género enharmónico se abolló poco a poco. Cuando los teatros tomaron una forma regular, sólo se contó ahí según modos prescritos; y, a medida que se multiplicaban las reglas de la imitación, se debilitaba la lengua imitativa.
El estudio de la filosofía y el progreso del razonamiento, al perfeccionar la gramática, despojaron a la lengua de ese tono vivo y apasionado que la había hecho tan cantarina. Desde los tiempos de Menalípides y de Filomeno los sinfonistas, quienes en un principio estaban a las órdenes de los poetas y sólo ejecutaban bajo su dirección, y por así decirlo bajo su dictado, se volvieron independientes; es de esa licencia de la que se queja tan amargamente la Música en una comedia de Ferécrates de la que Plutarco nos ha conservado un pasaje. Del mismo modo, la melodía, comenzando por estar tan apegada al discurso, cobró insensiblemente una existencia aparte, y la música se volvió más independiente de las palabras. Entonces también terminaron poco a poco esos prodigios que ella había producido cuando no era más que el acento y la armonía de la poesía, y cuando le confería a ésta un imperio sobre las pasiones que la palabra sólo pudo llegar a ejercer luego por sobre la razón. Por eso, desde que Grecia se llenó de sofistas y de filósofos, ya no se vieron ahí ni poetas ni músicos célebres. Al cultivarse el arte de convencer, se perdió el de conmover. Platón mismo, celoso de Homero y Eurípides, difamaba al primero sin poder imitar al segundo.