Decálogo para empezar a escribir hoy

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Se tienen que separar también la fase de escritura de la fase de revisión: son tareas diferentes, que requieren de un tipo de concentración y actitud diferentes. Al escribir, tenemos que mantenernos en un estado mental creativo, acrítico, en un flujo constante que convierte los pensamientos en palabras, eliminando las barreras y filtros que puedan dificultar este proceso. Por el contrario, para revisar tenemos que adoptar una actitud crítica con lo que leemos, más analítica, para identificar problemas de legibilidad o de estructura, excesos de adjetivación o proliferación de adverbios que nada aportan. Cuando escribimos, creamos; cuando revisamos, pulimos. Precisamente porque estas dos tareas en nada se parecen aunque sean imprescindibles, no conviene que las mezclemos. Cuando estamos sentados al teclado, escribiendo, no deberíamos releer una y otra vez cada frase, cada párrafo, para ver si encajan o no. Nuestro objetivo debe ser aquí avanzar, escribir un primer borrador, un material bruto sobre el que trabajar más adelante cuando corrijamos. Si nos detenemos a revisar, que es algo natural y muy frecuente, estamos obligando a nuestra mente a hacer un cambio brusco de perspectiva que interrumpe nuestra concentración y destruye este flujo mágico de palabras. No lo hagáis. Hay que disciplinarse aquí para evitar estas relecturas cuando uno está escribiendo: seguid tecleando, seguid avanzando en el texto sin volver la vista atrás.

Con esto no quiero decir que la revisión sea secundaria: no lo es en absoluto. La revisión es un proceso imprescindible para pulir el texto, para detectar y corregir todo tipo de errores: desde erratas a problemas de coherencia interna del texto. Como correctores, tenemos que ser implacables con nuestra propia obra y exigirnos al máximo. Si una frase no funciona, es mejor borrarla directamente que tratar de corregirla. Sed despiadados, arremeted contra todo lo que moleste. Si a vosotros, que sois los creadores, no os parece bien o pensáis que puede ser difícil de entender, imaginad para el lector final. El proceso de revisión tiene que ser minucioso, detallado. Probablemente no baste con una única revisión y sea oportuno darle unas cuantas vueltas al borrador antes de darlo por bueno, antes de que sea un texto definitivo. Como es lógico, esto supone reservar siempre un tiempo suficiente para este proceso de revisión exhaustivo que, de nuevo, no debería hacerse a costa de dejar de escribir. No me cansaré de insistir en esta idea: no hay que dejar de escribir, por poco que sea, para que este hábito pase a formar parte de nosotros, para que sea algo totalmente natural y habitual en nuestro día a día: es la única forma de lograrlo, de tatuar en nuestra vida esta costumbre.

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