Explore "Blanca" by Tomás Carrasquilla on Textopian. Read with annotations and highlights.
¡Con qué solemne júbilo rasgan el aire las campanas de San Francisco! Es María que congrega a sus hijas a celebrar su natalicio; y al reclamo de la Madre acuden presurosas las doncellas todas de Medellín. Mercedes es de las primeras en llegar. En su alma límpida, serena, de novia y de huérfana, hay un dejo de tristeza que la enternece y la conturba: ya nunca más volverá a tomar parte en esta hermosa festividad de las vírgenes: en el año venturo, corona menos inmaculada, si más santa, ceñirá su frente. No puede más, no puede: aunque la vea todo Medellín llora con ese llanto que no es posible ocultar; recibe a su Dios; eleva su hacimiento de gracias; despídese de su Madre y la pide su bendición con el lenguaje de las lágrimas, que en su emoción no le es dado ajustarse a las palabras consagradas de las preces ni hallarlas por lo pronto.
A las doce estaba en casa de Alberto para peinar a Ester y ayudarle en los últimos retoques. En acabando de colocar unas macetas en la antesala, admiraban el efecto, la perspectiva poética, cándida, deliciosa que ofrecía aquella serie de piezas. En cada puerta, doble cortina calada de dos paños; iracas, cinco de abriles, drácenas, jardineras de vistosas flores, pareadas a uno y otro lado, como recogiendo y abullonando aquellos encajes, daban la nota selvática sobre aquel fondo vago, transparente, de espumas; y allá, en el último término, entre un círculo de alternanteras y coleos recortados a la inglesa, se veía el baño. "¡Qué bonito!", exclama Mercedes. "Parece el monumento de la Catedral".- "Eso mismo dijo Pedro", replica Ester muy satisfecha con aquella aprobación. "Lo que quiero es que papá pase por aquí para ir al baño: no ves que parece que va como por arcos de triunfo. No se le ha de pasar al viejito un día sin su baño antes de comer… Y ahora que me acuerdo: tengo unos jabones finísimos". Y ambas fueron a buscarlos, y los llevaron al tocadorcito del baño.