¡Redención! by Joaquín Dicenta — Read

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Desde su escena con el cura suspendió Fernando las visitas á casa de los Núñez. Cinco días llevaba sin parecer por ella con pretextos de trabajos y de excursiones, realizadas unas veces á las playas próximas en una lancha automóvil, otras por carreteras y caminos, en su yegua ó en su carruaje: la predilección consistía en salir al mar antes de amanecer, con un bote velero, so pretexto de aguardar el día para emprender esta ó aquella faena pescadora.

En tales expediciones le acompañaba Juan, lo cual vale tanto como decir que las hacía solo. Juan era hombre de breves palabras y ajeno á la curiosidad. Envuelto en su recio capotón de marino, ponía Juan al viento la vela, embrazaba el timón y conducía la embarcación sobre las olas por bajo de las nubes, tercas durante un mes en cubrir el cielo, en pasar al ras de los montes formando escuadrones que el viento empujaba arremolinándolos, encabritándolos contra las puntas del rocaje donde rompía el oleaje con siniestro rumor.

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