Explore "El hampón" by Joaquín Dicenta on Textopian. Read with annotations and highlights.
Iba para dos años que Irene desempeñaba oficios de camarera en La Buena Sombra, un café modernista (así le llamaba su fundador y dueño), que para competir con el cantante antiguo y alcanzar victoria sobre él, brindaba a los parroquianos la voz escasa de unas cupletistas, con más el atractivo de la femenil servidumbre, nada huraña en su trato y fácil al reclamo de los varones, siempre que éstos lo acompañaran de buenas propinas al abonar el gasto y de buenos duros si al cerrarse el café querían ultimar el convite.
Ponía gran cuidado el dueño del café en remudar camareras y cantatrices. No era el paladar de sus parroquianos meticuloso en punto a la belleza y a la donosura de las tales; pero en cambio se hartaba de ellas pronto. A falta de exquisitez en la mercancía, pedía variación. El cafetero, atento al mejor provecho de su industria, no se atrasaba en los cambios y recambios de personal. Cada tres meses, a lo sumo, plantábase el hombre en la Corte y de ella regresaba con mujerío nuevo, vamos al decir, porque casi todas sus novedades, de puro averiadas, sólo en gente minera, que ni de la muerte se asusta, podían encontrar recibo.