Explore "La honrada" by Jacinto Octavio Picón on Textopian. Read with annotations and highlights.
Miró el portero con extrañeza a Plácida, quien le pareció por las trazas verdadera señora, y sin acertar con lo que debió de hacer llamó a una criada. Plácida, procurando calmarse, espero en el jardinillo. Al presentarse la doncella le puso dos duros en la mano, diciendo:
-Hágame usted el favor de decir a su ama que hay aquí una señora que desea hablarle.