Explore "La buhardilla" by Jacinto Octavio Picón on Textopian. Read with annotations and highlights.
Muertos sus padres pocos años después, la duquesita, por seguir, la moda y complacer a su marido vendió la casa de sus mayores y edificó en la Castellana un hotel a la francesa, dirigido por un arquitecto de París. Cayó la antigua morada de los Vistillas, destruyose la severa fachada, y casi juntos rodaron por el suelo los fragmentos del escudo roto y las tejas de las buhardillas derruidas. Lo que produjeron las rejas y los sillares de berroqueña apenas bastó para pagar unas cuantas piedras traídas de Angulema. El nuevo edificio era extranjero, antipático, barroco, en el mal sentido de la palabra, y en vez de buhardillas españolas, tenía una gran montera de pizarra.
Claro está que al derribarse la casa antigua fueron echados a la calle los servidores jubilados, y entre ellos Manuela. En vano intentó ver a la duquesa. El mayordomo, un burgués en canuto, más aristocrático y orgulloso que el amo a quien sisaba, no permitió que se acercase a la señora.