Explore "Página rota" by Joaquín Dicenta on Textopian. Read with annotations and highlights.
Estuvo cerca de un mes sin volver a Madrid. Más abstraído, más amante de la soledad que nunca parecía. Apenas si paraba mientes en sus hijos. Buscaba para sus paseos los rincones más ocultos del extenso jardín y andaba por ellos con las manos detrás de la espalda, la cabeza caída contra el pecho y los labios en perpetuo monólogo. Del jardín iba a su despacho. Según él, para trabajar.
Cierto era que, una vez encerrado entre aquellas paredes, ponía sus cuartillas en orden, mudaba en el palillero la pluma y tomaba asiento enfrente de la mesa. Pero no trabajaba. En blanco seguía el papel, puesto delante sus ojos; seca la pluma, que su diestra oprimía; la siniestra se crispaba sobre la frente. Tras un largo espacio de silencio total, Alejandro se ponía en pie, golpeaba con el puño la mesa y comenzaba a pasear de un extremo a otro del despacho, con paso rápido, febril; otras veces se dejaba caer contra un diván; en tal postura permanecía largo tiempo, con los ojos cerrados, sin moverse, como si fuera muerto.