Explore "Lázaro" by Leonid Andreiev on Textopian. Read with annotations and highlights.
Y he aquí que el grande, el divino Augusto quiso también ver a Lázaro.
Se engalanó al resucitado con suntuosas vestiduras de boda, como si el tiempo las hubiera legitimado y debiera ser hasta su muerte el novio de una virgen desconocida. Fué como si se hubiera redorado un viejo ataúd podrido, a punto de pulverizarse, y se le hubieran añadido ornamentos nuevos y espléndidos. La conducción de Lázaro a Roma fué solemne; la caravana parecía, en verdad, un cortejo nupcial: todos llevaban claras y bellas túnicas, y sonaban delante las trompetas de los heraldos, para abrirles paso a los enviados del emperador. Pero los caminos estaban desiertos: en el país natal del resucitado por milagro se maldecía su nombre odiado, y las gentes huían al solo anuncio de su terrible acercamiento. Las trompetas de cobre sonaban en el vacío, y sólo el desierto contestaba con su eco prolongado.