Cuervo by Leopoldo Alas — Read

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La viuda joven y de buen ver era el caso que Cuervo prefería para ir presentando la guerra al muerto. Sin pesimismo de ningún género, sin filosofía misantrópica, don Ángel veía en los ojos llenos de lágrimas una hipocresía inocente. Entraba, desde luego, en el terreno de las confidencias y daba por sabido que el dolor tiene sus límites, y que, no siendo hacedero moralmente acompañar al difunto, pues el suicidio está prohibido, no había más remedio que seguir viviendo; y ya de vivir, ¡qué caramba!, debía ser de la mejor manera posible. "Tome usted este espejo." "Hay que arreglar ese peinado." "¡Qué tristeza! ¡Quedar tan joven en el mundo sin compañero que ayude a llevar la carga de la vida!" "Pero el tiempo es largo." Y todo lo que hacía Cuervo era una especie de seducción que ayudaba, con rodeos y disimulos, eufemismos y elipsis, a seguir las tendencias del egoísmo que busca el placer, que huye del dolor por instinto, y que en la vecindad de la muerte siente con nueva fuerza, picante, irresistible, el ansia de querer vivir a toda costa y siempre. Vivir para gozar. Cuervo se daba arte para irritar en la viuda el sentido íntimo de la salud, del bienestar que busca expansión; las esperanzas lejanas, que se ofrecían por diabólica influencia a la imaginación de la enlutada, Cuervo las adivinaba y las traía a la actividad para darles fuerza plasmante, despojándolas de todo aspecto de remordimiento. No lograba tales resultados con discursos, con disertaciones, sino con frases hechas, tomadas de la que suele llamarse sabiduría popular; y, sobre todo, con hechos, con asociaciones de imágenes y de citas que llevaban, como por una pendiente irremediable, al amor de la vida y al olvido de la muerte.

Su convicción instintiva, fuerte, aunque sin reflexionarlo, la iba comunicando Cuervo, sin darse cuenta de ello, a la mujer hermosa, robusta, que quedaba en el mundo sola y libre. En adelante, Cuervo, a pesar de su aspecto poco pulcro, casi fúnebre, representaba la vida, el placer futuro, la efectividad de la dicha saboreada poco a poco, con deleite. Se establecía un pacto tácito; don Ángel venía a ser la Celestina de estas relaciones ilícitas entre la viuda y la infidelidad futura; el amor repuesto, la voluptuosidad aplazada.

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