Explore "Speraindeo" by Leopoldo Alas on Textopian. Read with annotations and highlights.
La pajarera de Rosario no era en rigor una pajarera, sino una galería de cristales que tenía algo de invernadero, algo de palomar, algo de taller de pintor, algo de cuarto de costura, algo de casa de fieras, y algo de pajarera por último. Era la habitación un cuadrado perfecto; entraban el sol, las mariposas y los aromas del jardín de la casa por los intersticios de la dorada alambrera que señalaba el non plus ultra de su vuelo a los inquilinos volátiles de aquel falansterio de aves, unas libres de todo encierro y cadena, y otras reducidas al grillete o a los mezquinos límites de una jaula; porque allí cada cual gozaba el bien de la libertad en los grados de sus méritos.
Los bastidores de las vidrieras durante el día, y aún en las noches de primavera, verano y otoño, desaparecían para dejar libre la entrada al aire, escondiéndose los unos como telones, por arriba, y dejándose separar de sus goznes los demás, que eran de quita y pon. Y entonces semejaba el arca de Noé, que era el nombre familiar de la galería, una gran jaula de aves y flores, pareciendo las flores pajarillos prisioneros y los pájaros flores con alas. Las palomas habitaban el piso alto de aquella especie de estantería o casa de vecindad, que llenaba los lienzos laterales; era aquello como un museo de ornitología, en el cual las aves en vez de estar disecadas estaban vivas, para mayor propiedad. En los ángulos de estos lienzos con el de entrada, frontero de la gran alambrera, tenían sus nidos las tórtolas que habitaban en grandes cajones triangulares de tres departamentos sobrepuestos, uno para cada pareja, cuando eran seis las parejas, pues en la actualidad, en uno de aquellos rincones lloraba su triste soledad una tórtola viuda, víctima de una tragedia de que se hablará luego.