Explore "Médico de cuerpos y almas" by Taylor Caldwell on Textopian. Read with annotations and highlights.
-Los cipreses aún se alzan ante la puerta de la casa de Diodoro y de la nuestra -dijo Iris a su hijo. Un padre desesperado llora por su hijo y una madre con el corazón roto está inconsolable. Y yo. , yo, que soy tu madre, recuerdo a tu padre. ¡Pero sólo tú sufres! No oyes más gritos de lamento que los tuyos. Eres, sin embargo, un hombre y debieras dejar las cosas de niño. ¿Creíste que el mundo era un sueño de dulzura y felicidad? Éste es el sueño de los insensatos, de aquellos que serán siempre niños, de quienes temen la noche y quisieran tener siempre a su lado a los ruiseñores, como Aedon, cantando eternamente para no oír la voz de la tragedia. ¡La felicidad! Quienes dicen que existe, que debiera existir, que los hombres tienen derecho a ella, simplemente por haber nacido, son como niños idiotas cuyos balbuceantes labios están untados de miel.»Has cerrado la puerta a ese pobre esclavo, tu tutor, Cusa, y al médico Keptah. Has cerrado tu puerta ante mi propia cara.
Te vengas del mundo porque aquélla a quien amabas te ha abandonado. Te vengas de los dioses. Te quieres marchar y todos se sentirán desolados, crees tú. Pero te aseguro que Diodoro se sentirá consolado cuando le nazca el hijo y se olvidará de ti, o pensará en ti con desprecio. Tu tutor tendrá otro discípulo. Tan sólo yo me acordaré de ti, yo, tu madre, a quien tú no has visto como una mujer sin esposo y sin hijo.