Explore "Médico de cuerpos y almas" by Taylor Caldwell on Textopian. Read with annotations and highlights.
Si un hombre mira con amor compasivo a sus doloridos prójimos y a causa de su amargura pregunta a los dioses: «¿Por qué afligís a mis hermanos? », sin duda será mirado por Dios con más ternura que el hombre que le felicita por su misericordia y prospera feliz y sólo tiene palabras de adoración que ofrecer. Porque el primero habla a causa del amor y la piedad, atributos divinos y cercanos al corazón de Dios, mientras que el segundo habla por causa de un satisfecho egoísmo, un atributo bestial, que no tiene lugar en el ambiente luminoso que rodea el espíritu de Dios. / - Horacio
Iris escribió a su hijo Lucano en los siguientes términos: Hace ya casi cuatro años desde la última vez que nos vimos, mi amado y querido hijo, y tú has inventado continuamente excusas para no venir a Roma que, lo confieso, no es tan hermosa como Siria. Sin embargo vivimos pacíficamente en nuestras posesiones y gozamos de la paz de los atardeceres y del brillante cristal de las mañanas. Para mí es bastante. Tu hermana, Aurelia, tendrá pronto tres años, y es la luz de nuestras almas, con su dorado cabello y sus ojos castaños suaves como el corazón de una margarita. No hay nada que pida, en su infantil insistencia, a su padre, Diodoro, que no se lo consienta inmediatamente a pesar de mis protestas. Tu hermano Prisco, el mejor compañero de juegos de Aurelia, es su tirano. Es un estado de cosas que perdura con el más afable de los contentos.