Historia de Gil Blas de Santillana, Volumen 2

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«Rogerio, rey de Sicilia, tuvo un hermano y una hermana. El hermano, que se llamaba Manfredo, se rebeló contra él y encendió en el reino una guerra no menos sangrienta que peligrosa; pero tuvo la desgracia de perder dos batallas y de caer en manos del rey, quien se contentó con privarle de la libertad en castigo de su rebelión, clemencia que sólo produjo el efecto de ser tenido por bárbaro en el concepto de algunos vasallos suyos, persuadidos de que no había perdonado la vida a su hermano sino para ejercer en él una venganza lenta e inhumana. Todos los demás, con mayor fundamento, atribuían a sola su hermana Matilde el duro trato que a Manfredo se le daba en la prisión. Con efecto, esta princesa siempre había aborrecido a aquel desgraciado príncipe y no cesó de perseguirle mientras él vivió. Murió Matilde poco después de Manfredo y su temprana muerte se tuvo como un justo castigo de su desapiadado corazón.

»Dejó dos hijos Manfredo, ambos de tierna edad. Vaciló por algún tiempo Rogerio sobre si les haría quitar la vida, temiendo que en edad más avanzada no les ocurriese la idea de vengar el cruel trato que se había dado a su padre, resucitando un partido que todavía se sentía con fuerzas para causar peligrosas turbaciones en el Estado. Comunicó su pensamiento al senador Leoncio Sifredo, su primer ministro, quien, para disuadirle de aquel intento, se encargó de la educación del príncipe Enrique, que era el primogénito, y aconsejó al rey que confiase la del más joven, por nombre don Pedro, al condestable de Sicilia. Persuadido Rogerio de que estos dos fieles ministros educarían a sus sobrinos con toda la sumisión que a él se le debía, los entregó a su lealtad y cuidado, tomando para sí el de su sobrina Constanza. Era ésta de la edad de Enrique e hija única de la princesa Matilde. Púsole maestros que la enseñasen y criadas que la sirviesen, sin perdonar nada para su educación.

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