Explore "Historia de Gil Blas de Santillana, Volumen 2" by Alain René Le Sage on Textopian. Read with annotations and highlights.
Todavía no había vuelto el marqués de casa de su comedianta; pero en su aposento encontré a los ayudas de cámara, que jugaban a los naipes esperando su venida. Me introduje con ellos y nos entretuvimos alegremente hasta las dos de la madrugada, en que llegó nuestro amo.
Sorprendióse un poco al verme y me dijo con una afabilidad que daba a entender volvía contento de su visita: «Gil Blas, ¿por qué no te has acostado?» Yo le respondí que quería saber antes si tenía alguna cosa que mandarme. «Puede ser -- dijo -- te encargue por la mañana un asunto y entonces te daré mis órdenes. Vé a descansar y sabe que te dispenso de esperarme, pues me bastan los ayudas de cámara.» Después de esta advertencia, que no dejó de agradarme, pues me excusaba la sujeción, que algunas veces hubiera llevado con disgusto, dejé al marqués en su cuarto y me retiré a mi buhardilla. Me acosté; pero, no pudiendo dormir, seguí el consejo de Pitágoras, de traer a la memoria por la noche lo que hemos hecho en el día, para aplaudir nuestras buenas acciones o vituperar las malas.