Antígona by Roberto Jorge Payró — Read

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La vida de Ernesto estaba envuelta en sombras. Cuando despertó, ya lo hemos dicho, púsose á reflexionar sobre todos los acontecimientos de ese dia y de la noche anterior. Midió su desgracia y la encontró inmensa, infinita, mas grande que cualquiera otra que pudiese haberle sucedido, mas espantosa, porque era la pérdida de la estimacion de la mujer amada. Imaginábase que Manuela no le queria, no podria quererle jamás, y esa idea lo volvia loco. Poco tiempo antes habia creido que la jóven no la amaba, pero sin embargo la esperanza no le abandonó entonces. Mas, en aquel instante, comprendiendo la degradacion en que se encontraba encenagado cuando ella lo vió, no podia esperar.

- Si! murmuraba. Al verme huyó de mí como de un leproso!. ¡Oh! He inspirado horror á esa alma pura y adorada!. Soy un miserable!. Pero Armando tiene la culpa! El me hizo beber; él me empujó á este abismó!. Si supiera el mal que me ha hecho!. Pero no puedo quejarme, no puedo acusarlo. Yo soy el culpable y no él. . Yo, porque tengo bastante entendimiento para no dejarme arrastrar al vicio que ódio!. La culpa es mia, solamente mia. Tambien hay circunstancias atenuantes . El cumpleaños de un amigo, la poca costumbre de beber. Pero ¿cómo decírselo? ¿Cómo vindicarme? Jamás me atreveré á aparecer ante su vista. ¡Qué horror! ¡Qué vergüenza!. ella lo ha dicho. Solo desprecio es lo que inspiraré de aquí en adelante á esa niña inocente y bondadosa. ¡Oh!.

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