Explore "Antígona" by Roberto Jorge Payró on Textopian. Read with annotations and highlights.
La jóven habia recibido un golpe terrible, pero no desfalleció por eso. Amando á Gonzalez, no habia llegado á esa ceguedad que hace que no se perciban los defectos, y la noticia del diario la habia espantado, haciéndola lanzar un grito de horror. Su desgracia hízola creer que el verdadero amor es un imposible en este mundo, y se juró no amar á nadie, para no incurrir nuevamente en equivocaciones tan peligrosas para su felicidad futura. Habia tomado á Ernesto por un modelo de hombres y habíalo visto rebajado, pervertido, vicioso. ¿No ocultarian los demás bajo una capa de nobleza los defectos mas vergonzosos? ¿Quién podria asegurárselo? ¿Quién podria guiarla? No le era posible contar con su padre, pobre anciano agobiado por los sufrimientos. ¿Cómo hacerle partícipe de una nueva desgracia? Eso no era justo.
Manuela sufria horribles martirios, pero nunca asomó una lágrima á sus ojos, ni una queja á sus lábios. Noche y dia trabajaba, como antes, tratando de dulcificar la situacion de D. Miguel, pero ya no se la escuchaba reir mientras bordaba. Las plantas que regaron sus manos en dias mas felices, se inclinaban mústias, casi secas, por la ausencia de sus cariñosos cuidados. Su espíritu no podía soportar estos dos golpes: la muerte de su madre y la muerte de su esperanza.