Explore "Chamijo" by Roberto Jorge Payró on Textopian. Read with annotations and highlights.
La fortuna pareció sonreír al andaluz. En principalísimo término obtuvo la formal promesa de da Souza de dejarlo huir y facilitar su fuga bajo cuerda, para reunirse luego con él, apenas recibida la respuesta de Mendoza, y en segundo, pero no desdeñable lugar, al cabo de pocos meses terminó el cañón, retobado con anchas tiras de cuero vacuno fresco, y reforzado con sunchos de hierro de las pipas de vino que el gobernador Cabrera recibía. Había nevado, el tiempo muy frío endureció la madera, ciñó fuertemente el cuero al secarlo, y con ayuda de la suerte, el armatoste, montado sobre una especie de cureña hecha de piedras y argamasa no reventó ni se hizo astillas al primer disparo. Y fue milagro, de veras.
Chamijo, triunfante, recibió del buen don Antonio de Cabrera la orden de construir otros cañones y el título provisional de capitán de artillería. Esto significaba su libertad completa y ya sólo pensó en acelerar su desaparición del presidio, aunque da Souza, convencido de que los delitos enumerados de las instrucciones secretas tenían muy poco de verdad, le dijese que era innecesario recurrir a la fuga, porque el virrey no dejaría de premiar sus servicios confirmando lo acordado por el gobernador. ¿Para qué huir y exponerse a ser perseguido, cuando, días o semanas después ambos podrían, seguros y tranquilos, marcharse juntos a realizar su intento?