Explore "El perseguidor" by Carmen de Burgos on Textopian. Read with annotations and highlights.
Desde que estaba en Nápoles, Matilde se sentía dichosa, la alegría, el ambiente de la ciudad, bañada constantemente por un sol primaveral en pleno invierno, la habían tranquilizado, borrando el temor a viajar sola que su susto de Venecia le había hecho abrigar. Se reía de un terror infundado, quizás debido a la sugestión con que el recuerdo del aniversario predispuso sus nervios.
Había recibido cartas de España. Las cartas de primero de año. Esa fecha obligada de felicitaciones y recuerdos. Le escribían su familia, sus amigas, sus admiradores, sus pretendientes. ¡Una mujer joven, viuda y rica, tiene siempre sus pretendientes! Algunos le repetían sus declaraciones de amor. ¡Los había constantes! Todas las cartas la invitaban a volver pronto, Alguien le censuraba disimuladamente su manía de viajar. Le pintaban con vivos colores lo agradable que estaba Madrid en aquella estación de fiestas y teatros, ponderándole lo bien que se podía pasar. Luego, mil recomendaciones, «Cuídate». «No seas confiada». Los más allegados le hablaban de sus temores al verla tan lejos, en esas grandes capitales de las que se cuentan tantos crímenes y tantos accidentes, que parece que se vive de milagro. Era demasiado valor aventurarse así ¡una mujer sola!