Explore "La mujer fría" by Carmen de Burgos on Textopian. Read with annotations and highlights.
Curioseaban todos en el gran salón del hotel de Blanca, sorprendidos por aquel extraño estilo de decoración, que no era de ninguna época ni se parecía a nada. Era el salón internacional, la mezcla de todos los estilos, de todos los tiempos, las que se acumulaban allí, sin tomar, a pesar de prodigarse tanto los «bibelots», aspecto de casa de anticuario o de bazar. Por el contrario, los objetos más distintos se unían de un modo extraño para formar un todo armónico.
Las paredes, laqueadas de azul angélico, estaban cubiertas de cuadros de arte mezclados a cornucopias, terracota de Andrea della Robbia y tapices de Arras y de Gobelinos. En las vitrinas, sobre los vargueños y las cornisas, lucían cristales de Venecia, de Murano, y Galle alternaba con la cerámica de todos los países, pero dominando los amarillos y los azules. Porcelanas chinas, con las flores de almendro deshojándose en su azul de noche; porcelanas de Dinamarca con los barcos de ensueño, en el claro azul de espuma de mar en día de sol; porcelanas de Delp con sus holandesitas de blancas tocas en el azul de tempestad. Porcelana de Talavera con su amarillo de rastrojo reseco, o el verde requemado de planta sequeriza y sedienta, que representaban la aridez ardorosa de Castilla.