Explore "La mujer fría" by Carmen de Burgos on Textopian. Read with annotations and highlights.
La verja del hotel los separaba del paseo de la Castellana, como si los alejase a muchos kilómetros de distancia. Se oían apenas los ecos de los coches que pasaban a aquella hora de la noche con paso perezoso, como si el caballo y el cochero fuesen dormidos y sólo velase dentro de ellos la pareja enamorada sumergida en su ensueño, o los románticos que deambulaban envueltos también en el encanto de la noche madrileña o en una evocación de la ciudad legendaria.
Blanca había mandado apagar los focos eléctricos, y el jardín, alumbrado sólo por la lima, tenía esas tonalidades de violeta y plata que pone la sombra y la luz de la noche en el campo.