Explore "Los anticuarios" by Carmen de Burgos on Textopian. Read with annotations and highlights.
Mandaron disponer un coche para ir al Cigarral, donde estaba el canónigo depositario de la confianza de Su Ilustrísima.
El coche tuvo que ir dando vueltas para hallar paso por aquellas callejuelas de Toledo, por la mayoría de las cuales no podía pasar, hasta salir al puente San Martín y tomar el camino del campo en dirección contraria a la vega, bordeando el río para pasar cerca de los molinos, con su voluptuoso olor de harina caliente y trigo candeal. Aprovechaban las pequeñas caídas que tiene allí el Tajo, al internarse entre las piedras de un barranco, donde parece que va a sumirse sin que nada haga presumir en él la grandiosidad con que ha de ir luego a precipitarse en el Océano. Era apacible aquel camino solitario, entre peñas agrestes, en la falda de la montaña. Fabián se sentía contento.