Los anticuarios by Carmen de Burgos — Read

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Fabián había realizado su proyecto de llevar los obreros de Sevilla a París. Aunque había tratado de convencer a Adelina, ésta vio con cierto espanto llegar aquella tropa española, que tendría algo de húngara, por su contraste con el medio. Se componía del Maestro Juan con su esposa y otros seis obreros, cuatro de dios de 25 a 30 años, tipos del pueblo andaluz, morenos, altos, enjutos, de cabellos y ojos negros, rostros aguileños, y continente torero. En todo esto les aventajaba Joseiyo el más joven, de unos 20 años, que entraba en Francia como conquistador, exagerando su flamenquismo, con el sombrero ancho de medio lado y el pañuelo encarnado puesto de corbata. El otro, Frasco, era el más viejo, unos cincuenta y cinco años, semblante torvo, que procuraba hacer agradable con un gesto complaciente, y resultaba trágico a causa de la mella de su labio superior, al que le faltaba un pedazo en forma de triangulo equilátero, con el vértice debajo del agujero derecho de la nariz y la base sobre el labio inferior, de manera que el hueco dejaba ver la dentadura en una horrible mueca macabra.

Fabián había alquilado un hotelito aislado, a espaldas de su casa y en él había instalado el almacén de muebles viejos, el taller y los obreros. Entre éstos, la numerosa familia de Fabián y la servidumbre: otro criado y tres criadas jóvenes, se formaba un verdadero pueblo español.

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