Explore "Los inadaptados" by Carmen de Burgos on Textopian. Read with annotations and highlights.
Subía el tío Juraico las estrechas veredas que en zig-zag caprichoso conducen al caserío de los Chafinos, detrás de la borriquilla rucia cargada con los grandes capachos de la recova, sobre los que se cruzaban la arqueta de buhonero, el fardo de telas de colores y los retales de moreno lienzo.
El ambulante vendedor, que debía el diminutivo de su nombre al cuerpecillo achaparrado, pasaba la vida recorriendo la comarca con su tienda movible, y cambiaba las baratijas de su arquilla por productos del país: huevos, miel, longaniza, pollos tempraneros, cera y otros mil objetos que vendía en la ciudad con una triple ganancia. Para las mujeres era una verdadera providencia; cuando sus ahorros les permitían adquirir un pañuelo de crespón o Manila, un vestido de lana o el juego de rosas de trapo con hojas de talco para adornarse en las grandes fiestas, el tío Juraico se encargaba de la compra con admirable prudencia y buen gusto. Jamás reveló el secreto ni llevó dos encargos iguales, permitiendo así a las interesadas experimentar el placer de sorprender y deslumbrar a sus amigas con las galas preparadas en secreto.