Explore "Los inadaptados" by Carmen de Burgos on Textopian. Read with annotations and highlights.
Se acabaron las tareas del verano. El mes de Septiembre, después de guardar los granos en los trojes y la paja en los almiares, ofrecía unos días de descanso antes de empezar la sementera. Era preciso aprovecharlos y dar nueve baños a las bestias para preservarlas del carbunclo.
Aquella tarde el aspecto del valle era animado y pintoresco, como si se celebrase una alegre romería. De todos los cortijos salían cabalgatas en dirección a la playa. Las burras y las yeguas, cuidadosamente enjaezadas con las enjalmas y las albardas nuevas, llevaban sobre sus aparejos los encajes de almohadas y cubrecamas y las vistosas mantas de borlas. Eran las cabalgaduras destinadas a conducir a las mujeres, que se vestían con los mantones de Manila y los trajes de los días festivos para ir al baño. Los hombres montaban en pelo sobre los traviesos mulos, y algunos llevaban a la grupa atrevidas muchachas, hermanas o no vías, las cuales se confiaban a su custodia.