Explore "Los inadaptados" by Carmen de Burgos on Textopian. Read with annotations and highlights.
Sentada sobre un posete de viejo pitaco, desnudos los brazos hasta cerca del codo, Dolores acababa de mondar la enorme pila de pimientos asados, para preparar la ensalada de la cena a los segadores. Su mano regordeta rompía el cristal del agua de un barreño, agitándola con ligereza, para despegar de sus dedos los negros hollejos requemados. Cerca de ella una muchacha pelinegra, d§ penetrantes ojos de endrina, los iba partiendo, sin desperdiciar corazón y semilla, y los mezclaba con los pedazos de tomate crudo y blanca cebolla que lucían en el gran lebrillo de barro vidriado de azul.
Aproximábase la hora del crepúsculo; un ambiente dulce, tibio, melancólico, envolvía al campo. La tierra, abrasada con el beso del verano, mostraba orgullosa las gavillas de trigo maduro amontonadas en las hazas, el oro de los rastrojos y las mieses tendidas en las eras o formando las hacinas de rebosantes espigas rubias, que esparcían el olor acre y picante de los cereales en sazón.