Explore "El caballero de las botas azules" by Rosalía de Castro on Textopian. Read with annotations and highlights.
El duque llegó a su casa y tendiéndose fatigado sobre un diván dijo:
-¿Acabará esto pronto? A fe que me voy cansando de reírme. Felices nuestros primeros padres, que pasaban la vida alabando a Dios, cuidando de sus rebaños y vestidos con pieles de oveja; ¡maldito el efecto que les hubieran hecho mis botas azules! Mas tu poder, querida Musa, sólo alcanza a añadir nuevas locuras y vanidades a las vanidades y locuras de los hombres. El día que les hicieses cambiar un palacio por una cabaña, te volverían la espalda murmurando que habías discurrido una moda inconveniente. Pero mándales que sobre un palacio edifiquen otro, que intenten levantar una nueva torre de Babel y exclamarán unánimes: ¡éste sí que es un bello adelanto! Diles, en fin, a algunos que, calzando unas botas azules, harán el primer papel en el mundo o la primera figura, siquiera sea ésta la más ridícula entre todas; y hételos con botas azules anunciándose por donde quiera con un cascabel. ¡Aún no he perdido completamente la vergüenza, Musa, aún existe dentro de mí un resto de amor propio que me hace ruborizarme aquí, en donde nadie me ve!… Lo conozco: yo mereciera, el primero, ser arrojado en el pozo de la moderna ciencia en compañía de las historias inspiradas, de los malos versos, de las zarzuelas sublimes y de las novelas que se publican por entregas de a dos cuartos. ¡Concluyamos de una vez!