Explore "El primer loco" by Rosalía de Castro on Textopian. Read with annotations and highlights.
Pasado breve rato, en un tono que cada vez tenía / más de vago y fantástico que de real, pero / que resonaba en los oídos de Pedro de una manera tal / que le hacía estremecerse, Luis prosiguió diciendo:
-Tras de la muerte de aquella niña, a cuyo fin prematuro / contribuí sin duda alguna; tras de la desaparición / en la tierra de aquel ángel cuyos albos ropajes manché / sin escrúpulo, y cuyo corazón hice pedazos, / operóse otro nuevo cambio en mi existencia. Enemigos / diversos dieron en combatirme; en la sombra, en el sol, en / el agua y en el viento los sentía siempre a mi lado, / en lucha consigo mismos y conmigo. Imposible me era huir / su invisible compañía. El recuerdo de Esmeralda, / así como también su espíritu, bullía / entre ellos, persiguiéndome con tan fatídica / tenacidad que no podía evocar la imagen de mi Berenice / sin que la suya viniera a interponerse entre los dos, sonriéndome / de aquella manera terrible con que antes de que su cuerpo / reposase en el sepulcro me había sonreído: / parece que había querido darme el último adiós, / mirando con aquellos ojos sin brillo los abrazos con que / mi alma se unía estrechamente al alma de mi amada. / Ya muerta Esmeralda, me atormentaba más, mucho más / que lo había hecho en vida. ¿Cómo podía / ser aquello?