Paredes, un campesino extremeño

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Un año, debió ser por el 50 o 51, o tal vez antes, llegó al pueblo una norma legal para empresarios y obreros. A éstos últimos nos dieron en la Hermandad Sindical una cartilla. La cartilla estaba en blanco, sólo con cuadritos, como un álbum al que se le pegan cromos. Parece ser que en ella había que pegar unos sellos que nos tenían que dar los labradores, uno por cada día que trabajásemos. La cartilla tenía capacidad para 90 sellos y cada patrón tenía que pagar tres pesetas por él. Pero de pagar, nada. Ninguno lo quería dar.

Aquello del sello era un misterio para nosotros, porque nadie sabía para qué servía aquello. Las ideas sobre el tema eran confusas; pero por alguna información que habíamos sonsacado en la Hermandad Sindical de Labradores y Ganaderos (así se llamaba), sabíamos que tenía que ver algo con la Seguridad Social. Pero esto no se informaba a las claras, sino a hurtadillas y en secreto, pues el funcionario temía dar información por miedo a represalias. Así, unos decían que ese sello era como una iguala con el médico; otros, que era para pagar medicinas. Pero lo único claro es que ningún patrón quería pagar el sello. Y como nadie sabía para qué valía, pues nadie se molestaba en reclamarlo.

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