Explore "Paredes, un campesino extremeño" by Patricio Chamizo on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al día siguiente por la mañana la plaza estaba llena, como todos los días; pero el aspecto de la gente era bien distinto. No se tenía el gesto sumiso y expectante de siempre, propio de los que esperan con angustia un jornal. Estábamos allí igual que por las noches, cuando no se esperaba nada. La mirada a los labradores ya no era de reojo, sino que se les miraba de frente, como si nos importara un pito que nos diera trabajo, o no. Para quien estaba habituado a aquel clima, el cambio se notó ostensiblemente. Los ricos se dieron cuenta inmediatamente, pues habituados a que los trabajadores les miráramos con la cabeza baja, aquello les parecía una actitud arrogante e insolente. Entraron en el bar y hablaron entre ellos. ¿Qué estarían tramando? Nadie se acercó a ofrecer trabajo a ninguno. Sólo el manigero de uno de ellos salió del bar y preguntó a Rafael:
-¿Quieres trabajar?