El escándalo by Pedro Antonio de Alarcón — Read

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Como loco estuve, en efecto, muchos días. Mi primer movimiento fue huir, sin pararme a examinar la extensión del daño que había hecho, pareciéndome en ello al asesino y al incendiario, y a todo el que comete un delito horrendo, indisculpable, para el cual no cree posible hallar perdón ni en su conciencia ni en la ajena… Huí, digo, sin atreverme a averiguar si Gabriela había muerto aquella noche, si se había marchado de la casa, si con sus declaraciones o con su silencio consumó la perdición de Matilde a los ojos del general, ni si éste pensaba o no pedirme razón de sus agravios…

Pero no imagine usted que mi fuga fue material; no crea usted que huí de Madrid… De donde huí verdaderamente fue de la virtud, del deber, de mí mismo, de mi propia memoria… Lo que hice fue desesperar del bien para siempre y arrojarme en brazos del mal; buscar refugio y compañía en los vicios, únicos amigos que no me desdeñarían ya en el mundo; intimar con los jóvenes más escandalosos que imperaban entonces en ciertos salones, en los dorados garitos y en los lupanares públicos o privados; dejarme llevar del huracán de la disipación y de las corrientes de la moda; no perdonar baile, festín, aventura galante, bastidores de teatro, ocasión de desafío, mesa de juego, ni desenfrenada orgía; y todo ello… con tal de no quedarme nunca solo, con tal de no pensar en Gabriela, con tal de no tener noticias suyas, o más bien dicho, con tal de no tenerlas de mí propio… ¡Horrorizábame la idea de entrar en cuentas con mi alma!

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