Explore "El escándalo" by Pedro Antonio de Alarcón on Textopian. Read with annotations and highlights.
-¡Prodigiosa carta! -exclamó el padre Manrique, cruzando las manos con fervorosa admiración. Nadie diría que está redactada por una adolescente… Antes parece obra de un doctor de la Iglesia, largamente probado por el infortunio. ¡Bien que Gabriela, según resulta de todo lo que usted me ha contado, era de la raza de las Mónicas y Teresas y de la Santa Catalina de Alejandría! Como ellas y como los ángeles del cielo, tenía la ciencia infusa del bien, y su misión sobre la tierra era sacarlo a usted del abismo del pecado. Guarde usted esta carta y léala continuamente… Yo no tengo nada que añadir a sus saludables preceptos.
-¡Siempre la llevo sobre el corazón… -respondió Fabián-, y muchas veces la he leído! Sin embargo, confieso a usted que, cuando la recibí, no la aprecié debidamente, o, por mejor decir, no acerté a comprenderla. Sus más profundos consejos carecieron para mí de sentido, y sólo supe deducir de aquella especie de teología amorosa (así la calificó mi soberbia satánica), que Gabriela seguía queriéndome a pesar de todo, y que nada me sería más fácil que obtener su perdón y su mano, a pocas muestras que le diese de arrepentimiento y de cariño.