La garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas

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Rufina da á Crispín un narcótico; durante el sueño lo roba, y huye con Garay á Málaga; avisa con un anónimo al corregidor que Crispín es encubridor de ladronea, y sale con Garay para Toledo; escápase Crispín de la cárcel, y se encamina también á Toledo, en donde ve á Rufina, y prepara el modo de vengarse del robo que le hizo.

Al día siguiente, antes de salir la aurora, ya los oficiales de la garra habían dejado la ermita, yéndose á buscar la vida á costa de pacientes; Crispín había de ir á la ciudad á pedir la limosna ordinaria, y despidióse de Rufina; ella le encargó hiciese diligencia de saber si su hermano estaba en Málaga, dándole las señas de su rostro y talle, bien diferentes del rostro de Garay; dejóla cerrada el hermano, cosa que á ella se le dio poco, porque desde Córdoba traía hechas llaves maestras, forjadas contra el robado genovés. Quedóse sola en la ermita; ya estaban de concierto ella y Garay que en viendo en Málaga al hermano Crispín, él se viniese á la ermita; así lo hizo, viniendo en uno de los dos cuartagos; fuéle abierta la puerta por Rufina, y en breve espacio le dio cuenta del trato del ermitaño, de su afición y cómo tenía en aquella ermita tanto dinero junto, hurtado en buena guerra.

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