Explore "La estocada de la tarde" by Antonio de Hoyos y Vinent on Textopian. Read with annotations and highlights.
En la desolación del paisaje las montañas alzaban, bajo el cielo entoldado de nubes, sus desnudos picachos como torreones de una fortaleza de titanes. Por entre ellas serpenteaba la carretera en rápida pendiente, enroscándose a la montaña. Abajo, en las laderas cubiertas de tierra gris, en que ponían una nota obscura los tojos y zarzales, veíanse esparcidos algunos pueblecillos miserables, tristes, semiderruidos, dominados por los campanarios de sus pobres iglesias. A lo lejos, en todo lo que alcanzaba la mirada, un desierto monótono, parduzco; y limitando el horizonte montañas de piedra que amurallaban el paisaje, más triste aún bajo la blanquecina claridad de la mañana.
El automóvil, entre grandes resoplidos, escalaba la montaña a toda presión de su motor de ochenta caballos. Desde el choque con el paso a nivel, el dichoso artilugio no funcionaba del todo bien provocando sus sospechadas averías gran inquietud en los excursionistas, que temían no llegar a tiempo para presenciar la corrida.