Explore "La estocada de la tarde" by Antonio de Hoyos y Vinent on Textopian. Read with annotations and highlights.
Reclinado en el fondo del automóvil que le llevaba, carretera del Pardo adelante, camino del merendero donde había de tener lugar la entrevista solicitada por María Montaraz, Joaquín se entregaba alternativamente a locas esperanzas y negros descorazonamientos.
La víspera, y tras varios intentos frustrados de ver a su amiga, había recibido de ella unos lacónicos renglones en que le daba cita en aquel merendero solitario de la carretera del Pardo. Desde el momento en que recibió la carta, nerviosa impaciencia se apoderó de él. Le decía el corazón que una catástrofe sentimental le amagaba, y un presentimiento vago le avisaba el fin de sus amoríos. ¡Y justamente ahora, cuando una loca esperanza de triunfo le galvanizaba! ¡Dentro de cuatro días, Pascua de Resurrección, y el lunes toreaba él! ¡Allí quería verlos! Ante la fiera, en el lance supremo de jugarse la vida, recobraría todo su prestigio a los ojos de la mujer amada. Allí no había señoritos finos, ni copleros, ni pintamonas que valieran. Allí no había sino tener valor y jugarse el pellejo. Sería un héroe, y la amada, ante el olor de la sangre y el redoble de los aplausos, sentiría renacer su amor.