Explore "El rico y el pobre" by Antonio de Trueba on Textopian. Read with annotations and highlights.
Don Juan se daba a quinientos mil demonios cada vez que oía cantar a Perico; y como Perico estaba cantando todo el santísimo día, quiere decir que don Juan estaba todo el santísimo día hecho un condenado. Así es que fue cogiendo al zapatero un odio tan feroz, que cuando se asomaba al balcón y le veía trabajando y cantando con una cara de Pascua florida que hubiera bastado por sí sola para dar fe de la felicidad de Perico, le echaba unos ojos que parecía querer tragarle vivo.
La paciencia se le acabó a don Juan un día en que Perico estaba más alegre y cantarín que nunca, y por casualidad era el día en que él estaba como nunca aburrido y desesperado.