Explore "El fomes peccati" by Antonio de Trueba on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando a Pico-largo se notificó esta cruel sentencia, como es natural se afectó mucho y se puso a filosofar sobre la instabilidad e ingratitud de los reyes absolutos; pero no tardó en echarse a cavilar a ver si encontraba medio siquiera de ahorrarse los azotes, que eran la parte de la sentencia que más le dolía, aun antes de ejecutarse, y por fin se consoló un poco creyendo haber encontrado aquel medio.
La hora de la ejecución de la sentencia llegó, y su majestad se asomó a la ventana de palacio, que daba a la plaza, para presenciar la azotaina, porque estaba aún hecho un solimán con el que en una monarquía absoluta se había permitido controvertir la validez del papel moneda emitido por el soberano, y sobre todo controvertirla ofendiendo a la majestad con sus apreciaciones y reticencias.