Explore "El cura de Paracuellos" by Antonio de Trueba on Textopian. Read with annotations and highlights.
Habían pasado ya muchos años. La señora madre del cura de Paracuellos, que lo era aún el Sr. D. José, dormía ya en el camposanto a donde había ido a parar amada y bendecida del buen pueblo paracuellano, después de haber pasado la vejez más dichosa que mujer había pasado en Paracuellos.
El Sr. D. José, que no era aún viejo, estaba hermosote y sano. Una tarde le dijeron que en la casilla de un melonar de la ribera del Jarama había caído gravemente enferma una pobre anciana, y se fue a verla, porque es de saber que los ocios que en otro tiempo dedicaba al toreo, los dedicaba desde lo de marras al estudio de la medicina casera, persuadido ya de que si bien es cierto que el saber no ocupa lugar, este saber ha de ser el verdaderamente útil y no el nocivo o cuando menos fútil, como el táurico, que es nocivo o fútil casi siempre, y si es útil alguna vez (como se lo fue a él una), es porque todas las reglas tienen excepción y no conviene que el hombre se rompa la cabeza adquiriendo saber cuya utilidad solo se funde en la excepción.